Se han hecho numerosas clasificaciones la , mayoría
incompletas dado que el parásito es capaz de atacar casi cualquier órgano del
ser humano, sumándose a esto el hecho de que la cisticercosis puede presentarse
en forma asintomática siendo un hallazgo casual tanto clínicamente como en
material de autopsias.
Los casos sintomáticos pueden agruparse en cuatro categorías
de acuerdo con la localización del parásito.
1. Cisticercosis diseminada. Compromete las
vísceras, los músculos, el tejido conectivo e incluso el hueso. Raramente
afecta los pulmones.
2. Oftalmocisticercosis. Puede ser intra o extraocular.
Es más frecuente a nivel subretinal y en el humor vítreo, produciendo una
severa reacción inflamatoria por la muerte del parásito. Clínicamente afecta la
visión en grado variable, llegando hasta la ceguera
3. Neurocisticercosis. Es la forma más frecuente
de cisticercosis y en muchas series llegando hasta un 97% para algunos
investigadores. Sus síntomas pueden variar notablemente du- rante la evolución
de la enfermedad y ser afectada por: 1) la presencia del parásito por sí mismo,
2) la consiguiente inflamación y 3) la fibrosis residual, los granulomas o las
calcificaciones. Esto ha llevado a un concepto reciente sobre formas activas o
inactivas de la entidad. Topográficamente se ha dividido la neurocisticercosis
en espinal y cerebral.
4. Cisticercosis mixta
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